Me levanté con ganas de nada y sin ganas de todo, queriendo alcanzar tu pecho y perderme en él unos segundos. Me levanté con ganas de hablarte de un árbol, un árbol que desmesuradamente crece, con un propósito crece... quizás nunca pensé que en mi corazón crecería un árbol y mi mente cayera tan alto.
Hace un tiempo atrás divisé a una hermosa ave posarse en la rama de un viejo árbol, estuvo ahí indefinidos minutos: observando... tal como yo lo hacía con ella, para luego desviar la mirada y ver que ese árbol era como el nuestro, cortas y largas ramas, desgastes por doquier, su tronco creciendo de la forma incorrecta. Pero de todas formas; un árbol hermoso y sin lugar a dudas diferente.
De pronto recordé... "¡Sus raíces!", y corrí a encontrarlas. Luego de observarlas cuidadosamente... ¿saben?... al igual que las nuestras, eran fuertes raíces afirmadas profundamente de la tierra, abrazándola en todas direcciones. En comparación, árbol con árbol, llegué a la conclusión de que, metafóricamente hablando, nuestro árbol es sin duda alguna, uno muy singular y fuera de lo común y lo racional, como lo es el que visité aquel día. Son muy pocos los que logran sobrevivir con errores en su formación, aceptándolos y queriéndolos, aceptando que necesitan de otros para vivir, creciendo día a día y agradeciendo día a día...
No he podido concretar la idea de poder terminar de explicar, con palabras correctas y adecuadas, a nuestro amado "árbol", más conocido como relación... mas sí puedo intentarlo ardua y constantemente a lo largo de nuestras vidas.
Oye muso de mis palabras, he perdido todo tipo de desahogo en tí, no quiero, más bien, no tengo intenciones de ir en busca de él, sólo quiero llegar cada día y saber que estarás y perdurarás, porque mientras mi desahogo descanse en tí; mi alma, espíritu, mente y cuerpo llevarán tu nombre tatuado... en lo más profundo de su existencia. Algo así como escribir tu nombre en mi frente.